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Lo que es interesante no es nunca correcto

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En las primeras páginas de El Crimen de lord Arthur Savile, Wilde afirma, vía lady Windermere, que “lo que es interesante no es nunca correcto”, para convencer a la duquesa de Paisley de que en el medio de la recepción, acceda a prestar su mano al pícaro quiromántico míster Podgers.

Ajustándola libremente al contexto aquí planteado, elijo esta sentencia para estrenar mi participación en Vuelta y Vuelta. Y me valgo de ella para esquivar la trampa que la corrección política impone hoy en ya demasiados ámbitos de nuestra vida, buscando defender la idea central de este artículo: la escasa integridad y virtud entre buena parte de quienes participan en el debate público, plasmada a través de sus formas y actitudes, está íntimamente relacionada con la degradación de nuestra sociedad, que combinada con una autoatribuida superioridad moral de sectores del establishment, atentan contra la capacidad de diálogo, consenso y en última instancia, de progreso.

Actualmente, en muchas de las democracias occidentales, hemos llegado a un punto en el que todo es político. El exceso de partidismo ha destruido el pacto, más o menos tácito, según el cual determinados espacios de nuestra vida en sociedad permanecían neutrales y ajenos a la injerencia de la política.

Esta tensión constante entre posturas y perspectivas, muchas de ellas -en apariencia- opuestas e incompatibles, ha ido intensificándose hasta los insoportables niveles de crispación que percibimos hoy, pudiendo llegar a afectar, en mayor o menor medida, relaciones familiares, sociales o laborales.

A la fecha, parecería que son algunos sectores de la izquierda radical quienes se arrogan la facultad de decidir, de forma absoluta e inapelable, qué es lo moralmente correcto o lo humanamente deseable en una sociedad.

La hegemonía cultural de la que hablo puede verse en campos tan diversos como la justicia social, la igualdad de género, la religión o el medioambiente, todas causas nobles y necesarias, pero que dogmatizadas al extremo corren el riesgo de desnaturalizarse.

De igual manera, cualquier tipo de observación sobre estos tópicos que se aleje de lo “ideológicamente puro”, puede ser considerada como una violación a cierto código moral ad hoc, cuyo hipersensibilidad no admite ningún tipo de disenso. Y no sólo la sufren grupos conservadores, sino que también se aplica a aquellos militantes de la izquierda dialoguista y democrática que, al ver manipulada su causa, osan hacer uso de su libertad de expresión contradiciendo los postulados hegemónicos, lo que les vale el descrédito y hasta el agravio, como castigo por su “traición”.

El origen de esta nueva modalidad de censura se remonta a claustros académicos norteamericanos de corte progresista, que visto el fracaso de sus premisas en la práctica, durante décadas se recluyeron en el ámbito intelectual. Desde allí tomaron impulso, y hoy calan con fuerza en instituciones a lo largo y ancho de Occidente.

Ante tal escenario, los sectores democráticos y constitucionalistas de derecha, tanto de Europa como de América, en general han tardado en reaccionar y comenzar a dar la “batalla de las ideas”. En primer lugar, por un acomplejamiento autoinfligido, y en segundo término, por su demora en comprender y dimensionar la importancia que los medios de comunicación, la cultura y las instituciones tienen en la difusión de ideologías.

Esta reacción tardía le ha permitido al progresismo radicalizado imponer durante los últimos años la agenda que resulte más funcional a sus intereses. Pero ante el desgaste de sus modelos de gobernanza y la falta de ideas novedosas, se le presenta a la derecha la oportunidad de equilibrar fuerzas, y llegar a un amplio sector de la población, que incluso sin percatarse -o prefiriendo no manifestarlo-, sintoniza con sus premisas. Me refiero aquí al individuo saturado por la politización extrema, que defiende valores sociales tradicionales, la meritocracia, la libertad de opinión y el progreso a través del diálogo razonado, en búsqueda de acuerdos beneficiosos para la sociedad en su conjunto.

Tomo por falso aquello de que los dirigentes políticos deben ser un reflejo de la sociedad de la que surgieron. Tienen la obligación de ser algo superador, dar la talla, y estar a la altura del puesto que ocupan. De esa manera, la virtud de sus actos y el ejemplo de su conducta obliga a elevar la vara, a que el ciudadano de a pie se convenza de que no hay beneficio en el conflicto permanente, y que no es posible imponer a todo el mundo una verdad sectaria.

Como consecuencia del panorama planteado, recae sobre los líderes políticos y de opinión de cada territorio afectado, la obligación de abordar el problema y acordar un plan de acción conjunto, pragmático y perdurable, evitando que toda iniciativa resulte efímera, y sea víctima del estado de campaña permanente al que estamos sometidos hoy.

Y cuando me refiero a líderes, hablo de los ubicados en la izquierda y en el centro, racionales y democráticos, que deberán desmontar las falacias argumentativas de quienes se han apropiado de los postulados progresistas; y los de derechas, cuyo desafío es pasar de «conservaduros» a conservadores, dejando de lado acomplejamientos y plantándose de igual a igual en el debate ideológico.

En The Well and the Shallows (El pozo y los charcos), Chesterton declaró que “Los que abandonan la tradición de la verdad, no escapan hacia la libertad. Escapan hacia la moda”. Tan vigente hoy como en 1935.

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De Panamá para el mundo. Creo firmemente en la sabiduría de ese trillado pero atinado de slogan panameño de ser «puente del mundo y corazón del universo«. Con la comunicación, la estrategia y el diálogo se pueden abrir caminos y crear los vínculos para avanzar objetivos políticos y de empresa.

Con esa misión en mente, me he desempeñado como en los campos de la diplomacia pública, la gestión de gobierno, en organizaciones intergubernamentales y en campañas políticas en Estados Unidos, Panamá y España. Escribo en Vuelta y Vuelta y brindo mis análisis de política y comunicación en La Previa de TVN Radio (Panamá).

Licenciado en Comunicación y Estudios de Retórica y Relaciones Internacionales de la Syracuse University (NY). Máster en Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra.

álvaro garcía

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De Panamá para el mundo. Creo firmemente en la sabiduría de ese trillado pero atinado de slogan panameño de ser «puente del mundo y corazón del universo«. Con la comunicación, la estrategia y el diálogo se pueden abrir caminos y crear los vínculos para avanzar objetivos políticos y de empresa.

Con esa misión en mente, me he desempeñado como en los campos de la diplomacia pública, la gestión de gobierno, en organizaciones intergubernamentales y en campañas políticas en Estados Unidos, Panamá y España. Escribo en Vuelta y Vuelta y brindo mis análisis de política y comunicación en La Previa de TVN Radio (Panamá).

Licenciado en Comunicación y Estudios de Retórica y Relaciones Internacionales de la Syracuse University (NY). Máster en Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra.

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rodrigo gómez

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Rodrigo estudió la carrera millennial por excelencia -Administración y Dirección de Empresas- para después vivir un periplo por diversas multinacionales en los campos del marketing y las ventas.

En 2019 decide tirarse a la piscina y mudarse a Pamplona para seguir su vocación y cursar el Máster en Comunicación Política y Corporativa.

Desde entonces vive entre la comunicación, los asuntos públicos y la política: Hic manebimus optime.

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Argentino (con todo lo que implica, luces y sombras). Abogado por la Universidad Torcuato Di Tella y Máster en Comunicación Política y Corporativa por la Universidad de Navarra. En VYV, trataré de volcar algo de lo que mi recorrido en el mundo del derecho corporativo y los asuntos públicos me aportó, me aporta, y me aportará (crucemos los dedos).

Escuchemos el doble de lo que hablamos, por algo tenemos dos orejas y una sola boca.

andrés laguna

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De Panamá para el mundo. Creo firmemente en la sabiduría de ese trillado pero atinado de slogan panameño de ser «puente del mundo y corazón del universo«. Con la comunicación, la estrategia y el diálogo se pueden abrir caminos y crear los vínculos para avanzar objetivos políticos y de empresa.

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Licenciado en Comunicación y Estudios de Retórica y Relaciones Internacionales de la Syracuse University (NY). Máster en Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra.