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La nueva doctrina franciscana

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La Fundación Iguales es una de las organizaciones activistas mejor organizadas en Panamá con la misión de “eliminar la discriminación por diversidad sexual, estableciendo y fortaleciendo programas de diagnóstico, sensibilización, promoción y defensa de derechos humanos”. En los primeros días de octubre, la fundación se presentó ante una audiencia concedida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

En aquel espacio, su presidente, Iván Chanis, describió el poco avance en materia de derechos de la comunidad LGTBQ+ en la nación canalera y agregó que “el país se encuentra en rebeldía para el reconocimiento de derechos de la comunidad y el matrimonio igualitario”. A los días, casi proféticamente, el entorno que describió Chanis se materializaba en una protesta multitudinaria (en medio de la pandemia) en los predios de la Corte Suprema de Panamá. Los manifestantes (muchos de grupos cristianos) exigían la “protección” y “defensa” de la “familia tradicional”. Eran notables los elementos caricaturescos de la manifestación, incluyendo la escenificación forzosa de la gesta por la soberanía nacional del 9 de enero de 1964.

Nada distinto en realidad…Grupos activistas con distintas agendas en la eterna dialéctica pro y anti matrimonio igualitario… Hasta que, inesperadamente, salió humo “color arcoíris” de la Capilla Sixtina. El papa Francisco anuncia a finales del mes que “los homosexuales tienen derecho a ser parte de la familia…nadie debe ser expulsado o que lo hagan miserable por ello”.

El Santo Padre hace un llamado a la protección de parejas del mismo sexo bajo uniones civiles, lo que a todas luces es un cambio trascendental en la posición de la Iglesia Católica. Naturalmente, la nueva doctrina Franciscana suscita una serie de reacciones. Por un lado, congratulaciones de los más progresistas, y por el otro, tweets acusadores de un Vaticano globalista/socialista/marxista…

¿Una nueva conversación?

Así, entramos a una nueva fase de este debate público. Parece que las posturas oficiales de las instituciones más importantes que rigen esta conversación, están en la misma página en cuanto al reconocimiento de derechos de parejas de mismo sexo. Sin embargo, creo que, en Panamá, es solo cuestión de semanas para que la conversación regrese a uno de sus puntos más álgidos, que va mucho más allá del fondo de lo que solicitan (y merecen) estas parejas. Y eso es, ¿cómo le llamamos a la unión de las personas?

He aquí el debate semántico. “Matrimonio” vs. “unión civil”. Algunos, en ambos lados del debate, pensarán que no importa la nomenclatura. Pero, tras años de estudiar retórica y comunicación política, he podido constatar que las palabras importan. Y mucho. Tan solo remontémonos unos meses atrás cuando el presidente de los Estados Unidos afirmó que la inyección de desinfectante en el organismo constituiría una cura para el SARS-CoV-2. Nada más esas declaraciones provocaron un debate nacional (e internacional) sobre si el presidente hablaba en serio, o si estaba siendo sarcástico, a pesar de lo absurdo de la segunda posición.

Las formas importan

El punto es que lo que se dice, quién lo dice y cómo se dice influye en la dialéctica social y en el comportamiento de las personas. Entonces, ¿es esto un debate de forma o de fondo? Claro que es de forma, pero a veces esta influye más en nuestras actitudes y conductas que la sustancia de lo que nos dicen.

Recordemos que, al menos para los países más aferrados al cristianismo (la Constitución de Panamá incluso tipifica la “moral cristiana” como una limitación al libre ejercicio de los cultos religiosos) el “matrimonio” es ampliamente considerado como la unión entre hombres y mujeres, exclusivamente.

Como lo han establecido activistas y periodistas en Panamá, ninguna institución posee un monopolio del término “matrimonio”. Sin embargo, la “unión civil” (que fue el término empleado por Francisco), dado el contexto panameño y latinoamericano, ciertamente sería un punto medio para que las parejas de mismo sexo obtengan los derechos que han luchado por décadas.

Empate técnico

Pero, sincerándonos, ni la Iglesia fácilmente “cederá” el uso del término “matrimonio”, ni los grupos LGBTQ+ aceptarán otro concepto para identificar su unión ante los ojos de la ley. Esta precondición para ambos es, de partida, un cercenador de consensos.

Ambas posturas son altamente influyentes en la cosa pública. Pero, hay que reconocer que, en cuestiones de índole política siempre hay ganadores y perdedores. Y siempre gana la posición correcta, aunque demore. La Ley de Derechos Civiles de 1964 en Estados Unidos (impulsada por el presidente Lyndon Johnson), aunque imperfecta, terminó con años de segregación e inició un camino (aún no terminado) de expansión de derechos del voto para negros en la población norteamericana. Una victoria para las minorías y una derrota contundente para los segregacionistas.

Como decía el Dr. Martin Luther King Jr. “el arco moral del universo es largo, pero se inclina hacia la justicia”.

Entonces, ¿qué hacer ante el empate/estancamiento que existe entre las posiciones del debate que llevamos cientos de palabras discutiendo? Creo que la respuesta nos la puede proveer la sabiduría eterna de Aristóteles, quien en su obra estableció los tres géneros retóricos: ethos, pathos y logos, no dejando de olvidar que habrá un ganador y un perdedor.

El logos, (la argumentación de por qué las parejas de mismo sexo merecen igualdad de derechos) está claro e incluso consensuado entre ambas posiciones. El pathos (el carácter emocional de la lucha por la igualdad y los derechos humanos), también es seguro decir que está bien establecido, especialmente considerando el amplio apoyo del que goza este movimiento por parte de intereses privados en Panamá.

Sin embargo, aún nadie con un ethos (eso es, la credibilidad y el poder) lo suficientemente fuerte ha salido a la defensa de ninguna de las posturas. Y, ¿quién más que los líderes de los gobiernos disfrutan de tal poder?

Tal como hizo Lyndon Johnson en 1964, cuando el líder del gobierno adopte de manera pública una postura favorable hacia aquellos que buscan consolidar el matrimonio igualitario bajo la ley panameña (a pesar que depende de las cortes el destino de la causa) entonces podrá haber un ganador y un perdedor.

«El arco moral del universo es largo, pero se inclina hacia la justicia»

Martin Luther King, Jr.

El ethos del presidente es un aval con el potencial de influenciar a la Corte y de movilizar a más personas hacia la postura a favor del matrimonio igualitario. Aunque, por supuesto, no podemos excluir el costo político que esto puede suponer. Los grupos LGBTQ+ en Panamá, para avanzar su agenda de manera más efectiva, deben dedicar esfuerzos de lobby directamente hacia la Presidencia de la República. Es su mejor apuesta y el mejor uso de sus recursos.

Si el presidente da el aval, sí habrá un ganador y un perdedor en el debate. Pero, más allá del debate, cuando observamos la sociedad como el todo que es, en toda su complejidad…al fin y al cabo, en el gran esquema de las cosas, ¿no sería esa victoria de una comunidad específica, una victoria para la sociedad entera, para la democracia…?


Andrés Laguna es licenciado en Comunicación y Estudios de Retórica de la Syracuse University (Nueva York) y máster en Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra

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De Panamá para el mundo. Creo firmemente en la sabiduría de ese trillado pero atinado de slogan panameño de ser «puente del mundo y corazón del universo«. Con la comunicación, la estrategia y el diálogo se pueden abrir caminos y crear los vínculos para avanzar objetivos políticos y de empresa.

Con esa misión en mente, me he desempeñado como en los campos de la diplomacia pública, la gestión de gobierno, en organizaciones intergubernamentales y en campañas políticas en Estados Unidos, Panamá y España. Escribo en Vuelta y Vuelta y brindo mis análisis de política y comunicación en La Previa de TVN Radio (Panamá).

Licenciado en Comunicación y Estudios de Retórica y Relaciones Internacionales de la Syracuse University (NY). Máster en Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra.

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Rodrigo estudió la carrera millennial por excelencia -Administración y Dirección de Empresas- para después vivir un periplo por diversas multinacionales en los campos del marketing y las ventas.

En 2019 decide tirarse a la piscina y mudarse a Pamplona para seguir su vocación y cursar el Máster en Comunicación Política y Corporativa.

Desde entonces vive entre la comunicación, los asuntos públicos y la política: Hic manebimus optime.

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Para Perón la única verdad es la realidad, pero estoy convencido de que esta varía según quien la percibe, estando influenciados por nuestras características personales y el entorno que nos rodea. En VYV comparto mi perspectiva.

Argentino (con todo lo que implica, luces y sombras). Abogado por la Universidad Torcuato Di Tella y Máster en Comunicación Política y Corporativa por la Universidad de Navarra. En VYV, trataré de volcar algo de lo que mi recorrido en el mundo del derecho corporativo y los asuntos públicos me aportó, me aporta, y me aportará (crucemos los dedos).

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