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El verano más frío

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Nevaba. No precipitaba así en los veranos de la patria. Tampoco que era verano. En los círculos tropicales cae esa lluvia fría que, cuando cesa, humedece y acalora las ya insoportables avenidas que no tienen ni árboles ni sombra. Y llueve a menudo. No termino de comprender por qué los del telediario llaman “seca” a la estación. Se lo creerán sus madres porque de seca no tiene nada. Verano como tal, así como los de la típica peli familiar gringa, nunca en la vida. Es simplemente una temporada, aunque el clima no la distingue de los otros nueve o diez meses. 

Preparábamos los suministros: una tienda de acampar, de las que se arman en menos de diez pasos–ni dos Eagle Scouts dedicarían la paciencia para montar una complicada morada campestre cada noche, mucho menos yo que de a leche aventuraba el parque aledaño a la uni; linternas para cabeza y para manos con sus pilas de repuesto; repelentes para osos, serpientes y otras bestias silvestres; mudas de ropa y libros (Dick llevaba un tratado de esos neosocialistas); pollo y frijoles enlatados y un chorizo italiano; dinero y pasaporte; y, para el viaje en coche, a insistencia de Isaac, una bolsa jumbo de pasas y un galón de nueces mixtas con chocolate negro. Este era uno de esos healthy, al igual que sus “golosinas”. Apilamos cada cosa sobre la otra sin atención. Se nos hacía tarde y agarraba ritmo la nevada. Ya tendríamos una parada para empacar estratégicamente.

Los copos que veíamos en la ventana parecían espesarse con rapidez. Ya cerrábamos las braguetas de las mochilas. El crujir de las puertas hacía más estruendosa la ventisca. El marco era de una madera blanquecina que ni Dios sabe cuántos años aguantaba la entrada de la casa.

Dick–en realidad se llama Richard–salió a calentar el motor del coche. Este clima exige preparativos. Él ansiaba salir con inmediatez, quizá porque le asqueban las botellas a medio tomar y el suelo machimbrado pegajoso, cortesía de la fiesta de la noche anterior. Ya era (mala) costumbre limpiar una vez empezaban a heder los residuos de las juergas universitarias. O simplemente porque llevábamos retraso.

Isaac y yo dábamos una vuelta más a la lista de implementos. No fuera que dejáramos las botas de nieve, o peor, los paquetes térmicos que compramos en la tienda deportiva. Por poco Isaac olvidó su permiso de conducir. El mío, pues lo llevaba por si acaso. El de mi país, eso es. Pero no conduciría ni un tramo de las 17 horas hasta Tennessee. No tramité mi permiso neoyorquino si es que nunca me hizo falta. Lo mío eran las piernas y cuando surgía afán, la bici. No molestaba esto a ninguno. Parece que bastaban mi compañía y las doughnuts que prometí comprar para todos a la ida y a la venida.

Dick en el coche. Dos silbatos amistosos del clarkson indicaron la partida. 

Poco más de 20 minutos y ya Isaac abrió las pasas. Las compartió con ambos. Dick al volante. El cielo, nublado, solo iluminado por las farolas naranjas de la carretera y las últimas gotas de sol. Oscurece pronto en este tiempo del año. Día fatal para que errara el pronóstico meteorológico. Los telediarios, te digo. Se veía muy poco, pero los parabrisas del Yaris cumplían cabalmente su misión. Eso sí, no obtiene puntos de eficiencia el coche. Y eso que no llenamos el tanque antes de salir. También me pregunto como ese punto no hizo la lista. 

Y es que la primera parada la hicimos en Pennsylvania. Saliéndonos del itinerario el Día 1. Ofrecí pagar el tanque y hacer la llenada. Sí, en Estados Unidos lo hace uno. No es como en el trópico. Dick aprovechó la pequeña tienda de comida basura–que es dos tercios baño y un tercio tienda–para la auténtica y fisiológicamente necesaria razón de la parada. Calculé que hubiéramos aguantado una hora más de carretera. Pero qué más da, si al final los tres nos aliviamos. Y, ¡bingo!  Frente a la gasolinera, la tienda de rosquillas con la luz roja indicando que salían nuevas y calientes. 

De vuelta en el Yaris, rosquilla en mano, abrí el mapa y vi la ruta. El plan era dormir en un hostal de West Virginia la primera noche, en Kentucky la segunda y al tercer día empezar la excursión en las Humeantes de Tennessee. Dick conduce con una mano, limpiándose con la otra el glaseado de la rosquilla en su mejilla. Isaac recibe una llamada del primer hostal. 

El retraso nos costó la primera noche. No recibirían huéspedes después de las nueve. Los rednecks y sus chorradas. Eran las ocho y diez minutos y apenas cruzábamos la línea del Mason-Dixon. Imposible. El coche fue la primera alternativa, pero no. La incomodidad no lo valía y un buen descanso era necesario.

 En el desértico vacío de la interestatal, a este punto menos nevada pero más fría, su impresionante plan de datos permitió que Isaac encontrara un sitio para acampar en el corazón de Virginia. Nos costaba diez duros a cada uno. No conseguiríamos nada abierto o así de barato en esos momentos. “Qué carajo”, me dije sin convencerme de la idea. 

El móvil nos ponía llegando en 25 minutos. Ni una luz más que las halógenas del Yaris. El cansancio no invitaba a la conversación. 24 minutos después, un parqueadero con tractores bajo la custodia de una bandera confederada. A lo lejos, con una linterna, un señor fornido sonriente con linterna en mano y gorra MAGA. 

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javier alcaine

españa

De Panamá para el mundo. Creo firmemente en la sabiduría de ese trillado pero atinado de slogan panameño de ser «puente del mundo y corazón del universo«. Con la comunicación, la estrategia y el diálogo se pueden abrir caminos y crear los vínculos para avanzar objetivos políticos y de empresa.

Con esa misión en mente, me he desempeñado como en los campos de la diplomacia pública, la gestión de gobierno, en organizaciones intergubernamentales y en campañas políticas en Estados Unidos, Panamá y España. Escribo en Vuelta y Vuelta y brindo mis análisis de política y comunicación en La Previa de TVN Radio (Panamá).

Licenciado en Comunicación y Estudios de Retórica y Relaciones Internacionales de la Syracuse University (NY). Máster en Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra.

álvaro garcía

españa

De Panamá para el mundo. Creo firmemente en la sabiduría de ese trillado pero atinado de slogan panameño de ser «puente del mundo y corazón del universo«. Con la comunicación, la estrategia y el diálogo se pueden abrir caminos y crear los vínculos para avanzar objetivos políticos y de empresa.

Con esa misión en mente, me he desempeñado como en los campos de la diplomacia pública, la gestión de gobierno, en organizaciones intergubernamentales y en campañas políticas en Estados Unidos, Panamá y España. Escribo en Vuelta y Vuelta y brindo mis análisis de política y comunicación en La Previa de TVN Radio (Panamá).

Licenciado en Comunicación y Estudios de Retórica y Relaciones Internacionales de la Syracuse University (NY). Máster en Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra.

gabriela páez

venezuela

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rodrigo gómez

españa

Rodrigo estudió la carrera millennial por excelencia -Administración y Dirección de Empresas- para después vivir un periplo por diversas multinacionales en los campos del marketing y las ventas.

En 2019 decide tirarse a la piscina y mudarse a Pamplona para seguir su vocación y cursar el Máster en Comunicación Política y Corporativa.

Desde entonces vive entre la comunicación, los asuntos públicos y la política: Hic manebimus optime.

teófilo beato

argentina

Para Perón la única verdad es la realidad, pero estoy convencido de que esta varía según quien la percibe, estando influenciados por nuestras características personales y el entorno que nos rodea. En VYV comparto mi perspectiva.

Argentino (con todo lo que implica, luces y sombras). Abogado por la Universidad Torcuato Di Tella y Máster en Comunicación Política y Corporativa por la Universidad de Navarra. En VYV, trataré de volcar algo de lo que mi recorrido en el mundo del derecho corporativo y los asuntos públicos me aportó, me aporta, y me aportará (crucemos los dedos).

Escuchemos el doble de lo que hablamos, por algo tenemos dos orejas y una sola boca.

andrés laguna

panamá

De Panamá para el mundo. Creo firmemente en la sabiduría de ese trillado pero atinado de slogan panameño de ser «puente del mundo y corazón del universo«. Con la comunicación, la estrategia y el diálogo se pueden abrir caminos y crear los vínculos para avanzar objetivos políticos y de empresa.

Con esa misión en mente, me he desempeñado como en los campos de la diplomacia pública, la gestión de gobierno, en organizaciones intergubernamentales y en campañas políticas en Estados Unidos, Panamá y España. Escribo en Vuelta y Vuelta y brindo mis análisis de política y comunicación en La Previa de TVN Radio (Panamá).

Licenciado en Comunicación y Estudios de Retórica y Relaciones Internacionales de la Syracuse University (NY). Máster en Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra.